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octubre 21, 2019

Paca y Manolo versus Suka y July

octubre 21, 2019 46 Comments

Fotomontaje de Estrella Amaranto

—¡Qué bellezón estás hecha, Suka! Me encanta seguirte en esa otra red, ¡la del pajarito!

—¡Sí, en Tuiti! Me tienes enganchada con lo del finde pasado, porque me sentí tan cerca de July y de ti, como si hubiera ido con vosotros al Spa, haciendo esas rutas con chorros de agua fría y caliente y después los masajes con fisioterapeutas. ¡Qué macizos los tíos! ¡soñé con ellos esa noche!

—¡Qué mona, Katilin, gracias por apoyarme! Discúlpame, ahora tengo una sesión de fotoclón y después la promo del hotelazo en yutú, que la cuelgo en Tuiti. Nos hablamos por Wuasat.

—¡Manolooo... ! ¿Preparaste el decorado yaaa...? ¡Hoy petamos la red! Que no me se vea la papada ni las verrugas... ¡Sácame el perfil bueno! que ayer la cagaste y así no vamos a forrarnos como yutuberos...

—Déjate de sermones, Paca, y ponte el top rojo con sostén, qu'estás más sesi y a la gente le chifla, rellénalo con papel del culo pa' que las tetas te queden grandes. Ya estoy con el palo la escoba pa' sujetar la cámara. Ponte enmedio del muro pintao y discursea como las artrices. T'e dejao el escrito en la mesa la cocina, apréndetelo tó de un tirón y cuando te se vaya la perola sonríe, qu'eso queda mú bien pa' salir del apuro.

—Mis queridos fans de yutú.  Para mi superpromo del fin de semana quiero recomendaros este hotelazo de lujo. No importa si veis una mínima parte, porque es imponente. ¡Venir a descubrirlo y disfrutarlo!


(250 palabras) 

Estrella Amaranto © Todos los derechos reservados

septiembre 09, 2019

¡Que te vaya bien!

septiembre 09, 2019 32 Comments
Fotografía de Karolina Bazydlo
     Escondido detrás de su barba, repantigado en un lujoso y mullido sillón de piel en una amplia sala bien amueblada, estaba sentado un hombre corpulento llamativamente vestido y con facciones bastante rudas y vulgares. Se hallaba completamente ajeno a la presencia de un agente de policía situado justo a sus espaldas, por lo que le fue muy fácil proceder a su arresto.
     Apuntándole en la cabeza con su arma reglamentaria lo dejó inmovilizado mientras los demás agentes se dedicaban a inspeccionar el resto de la ostentosa mansión con el fin de detener a su mujer, cómplice y encubridora de un considerable número de presuntos delitos.
      Virginia y él habían mantenido hasta ese día una relación sentimental encubierta, pues ella estaba casada con un afamado empresario de aquella ciudad de provincias, por lo que la mayoría de la gente, jamás había sospechado que estuviera involucrada en aquellos turbios negocios del hampa, que manejaba a su antojo su actual pareja, el famoso narcotraficante El Horca.
      Cuando el narco se percató de la pistola que tenía sobre la cabeza, tuvo la destreza suficiente y sangre fría, como para realizar un acrobático movimiento, que le situó frente al agente arrebatándole el arma, en cuestión de milésimas de segundo. Luego, le amordazó con cinta americana y lo arrojó al suelo de un fuerte puñetazo dejándolo inconsciente. 
     También, pudo ver desde un ventanal de la habitación la silueta de Virginia corriendo por el jardín, como una liebre salvaje embutida en un extraño vestido blanco de novia y unas botas negras.
    — ¡Eh! ¿Te has vuelto loca?… Con esa pinta seguro que te van a detener —le gritó enfurecido y desconcertado.
    —No, mi amor, con esta pinta me confundirán con una novia despistada y loca de remate —le respondió ella con una sonrisa burlona, haciéndole un gesto obsceno con la mano y el dedo medio, levantado.
     —Si, gatita, pero déjate de jueguecitos estúpidos. Regresa y espérame en el garaje, no tardo nada - volvió a insistirle él con la cara desencajada y maldiciéndola entre dientes.
     —No, mi cuchifrito querido, estoy decidida a salir de aquí cuanto antes. ¡Que te vaya bien! —le replicó ella con una fuerte carcajada.
      —Pero mi ratoncita chiflada no hagas más tonterías y escóndete en el coche. ¡Ahora bajo! —seguía insistiendo él, mientras la veía alejarse sin poder evitar aquella separación.
     —No, mi gordi peludo, quédate ahí porque yo me abro. ¡Que tengas suerte! ¡Chao! —acabó diciéndole, mientras sus labios perfilaban una sonrisa burlona.

Estrella Amaranto © Todos los derechos reservados

junio 04, 2016

DON PERFECTO Y DOÑA PERPETUA

junio 04, 2016 21 Comments

El cielo amaneció empedrado de grisácea humareda, nada apetecible para acudir a su trabajo de luthier, que durante tanto tiempo le ocupaba la mayor parte del día. Era todo un personaje muy querido y popular entre los parroquianos que acudían siempre para que les ayudase, como cuando algún instrumento de cuerda se les estropeaba. Se le conocía como Don Perfecto, que además de ser su nombre de pila también le hacía honor a su forma de ser tan limitada a estar siempre seguro de que ningún imprevisto pudiera ocurrirle, ni que sus imaginarios defectos pudieran revelarse.

Al comienzo de su jornada entró la mujer del enterrador, doña Perpetua, cuyo nombre también decía mucho a su favor pues daba la impresión de que no pasaban los años por ella y su aspecto era el de una jovencita.
Venía para entregarle una vieja y destartalada guitarra que en noches de luna clara y cuando su voz no desafinaba, entonaba preciosas melodías inacabadas, que al bueno de su marido, le hacían sollozar.

--Buenos días, doña Perpetua, déjeme que le eche un vistazo a esa obra de arte, que para mi supondrá un gran reto devolvérsela a su primitivo estado. Por cierto, luce usted hoy cual "bocatto di cardinale" en ayuno y penitencia, que es como hoy me siento en su presencia, más no quisiera propasar el altar de su decencia y me limito a callar.

--¡No faltaba más! Mi querido don Perfecto, revíseme...¡Oh, perdón! Revísela las veces que haga falta y luego usted verá qué solución tiene. Yo, lo que puedo decirle es que aprender a mi edad el solfeo, no lo veo prudente, por eso siempre me dejo llevar por mi propia voz interior que me dice que hago bien tocándola al tún tún. Tampoco es ningún disparate, porque al fin y al cabo el único que me escucha es mi marido y está más sordo que una tapia.

Estrella Amaranto © Todos los derechos reservados